Estamos tan acostumbrados a oír las palabras “Estado de Derecho”, “democracia”, “igualdad”, “justicia”, etc.… que creo que se nos ha olvidado su significado, el valor que representa y lo fácilmente que es vulnerado por todos aquellos que tienen la posibilidad de hacerlo, que casualidades de la vida, son los que más se llenan la boca con ellas.
Ahora un banco puede falsificarte la firma, cobrarte lo que consideren oportuno, inventarse importes de cancelación y dar la callada por respuesta cuando reclamas todos esos derechos, que teóricamente tenemos y que en la práctica, sólo tienen ellos. Si un particular deja de pagar una sola cuota de su hipoteca, todo el arsenal administrativo recae sobre sus hombros con amenazas de embargos e intereses de demora, pero cuando el que se salta el protocolo es el mismo que pone las normas, la impunidad hace presencia de la forma más devastadora posible. En principio, se podría pensar que para eso están los organismos judiciales o estamentos reguladores, pero hagamos cuentas de tiempo, dinero y posibilidad de éxito, porque todavía puede que haya algún idealista ingenuo que piense que en este país la justicia es igual para todos.
Pongamos el caso, así, dando a la imaginación (porque esto en este país no puede pasar), que un banco falsifica la firma de un contrato Swap a un particular que cuenta, exclusivamente, con una nomina de poco más de 1.000 euros y una hipoteca que paga debidamente todos los meses, para robarle 3.000 euros a final de año ó 6.000, si han conseguido agobiarle tanto como para que requiera su cancelación. Visualicemos todo esto como si de una película se tratara, e imaginemos que se le ocurre pedir el contrato original y se da cuenta que le han falsificado la firma.

