Parece mentira que pongamos el grito en el cielo cuando vemos en la noticias a Chavez cerrando un canal de televisión por no emitir su discurso o nos parezca de locos lo que ocurre en China y cerremos los ojos ante nuestra propia miseria. Es cierto que aquí se hace con un cierto disimulo, aunque no demasiado, y es que sólo hay que leerse más de un periódico y analizar los informativos de las diferentes cadenas para darse cuenta de la objetividad informativa en la que nos movemos.
Los intereses económicos, políticos y personales del poder sesgan nuestros derechos a través de unos hilos que pretenden ser invisibles, pero que conocemos todos. Paradójicamente lo acatamos sin rechistar, lo asumimos como lastre adosado a nuestra espalda con resignamiento, rendidos ante una realidad que consideramos irrevocable, ¿Por qué?
